La imagen cambia pero la idea es la misma allá donde se pregunte: “un respiro”, “un tanquetazo de oxígeno”, “una cubetada de agua en el desierto”. La Secretaría de Cultura y el Fondo de Cultura Económica (FCE) han lanzado una convocatoria que es, o se siente, un salvavidas. Este lunes se abre el registro para que las editoriales propongan, de entre sus extensos catálogos, una lista de libros con la que renovar las bibliotecas públicas de México. La bolsa destinada será de 50 millones de pesos antes del fin de este año, una cantidad que no cubre las necesidades de los sellos ni de los espacios públicos, pero que insufla vida a un sector que no recibía una llamada así desde hacía 10 años. Ha tenido que echar el cierre la emblemática Era , una de las editoriales que modernizaron el país, para que algo se active en los despachos de gobierno.