No es una obligación legal, pero sí es una compensación esperada en muchos sitios. Si a juicio de quien la recibe es muy reducida, puede ser interpretada como una ofensa, e incluso motivo de reclamación. Y solo si es muy generosa detona un agradecimiento sobresaliente.
En la mayoría de los establecimientos donde exigen propina en México, no te la facturan. En un nada menor universo de unidades productivas en donde se dan, son en efectivo. Y en la gran mayoría son, no siempre con justificación, un monto directamente proporcional al precio de lo que se está pagando.
En su definición original, una propina es una gratificación con la que se recompensa un servicio eventual. Algo intermedio entre un favor y un servicio con un precio explícitamente pactado. En su realidad extendida actual, se trata de un monto en dinero que se agrega al pago, en teórica señal de plena satisfacción con el servicio recibido.