Uno sube a un avión dispuesto a soportar casi cualquier cosa. Que el pasajero de atrás le clave las rodillas en el respaldo; que el niño de adelante descubra durante cuatro horas que posee pulmones; que la señora de junto se quite los zapatos; que la charola donde viene servida la comida tenga mejor sabor que ésta.
Lo que uno no contempla al abrocharse el cinturón es que quienes terminen agarrándose a golpes sean los pilotos. Eso ocurrió en el vuelo de Flydubai que cubría la ruta entre Dubái y Tel Aviv. Un Boeing 737 MAX 8 que salió rumbo a Israel y terminó aterrizando de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita, después de un violento incidente en la cabina de mando.
Hasta ahora las aerolíneas nos habían enseñado que, en caso de turbulencia, debíamos permanecer sentados y con el cinturón abrochado. Habrá que agregar una nueva instrucción: —En caso de que el capitán y el copiloto comiencen a darse de golpes, conserve la calma y absténgase de apostar.