El martes de la semana pasada, 22 de septiembre, con motivo de la apertura de la sesión general de la Asamblea de la ONU correspondiente a 2027, la número ochenta y uno de su historia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció un discurso que debió haber causado un impacto demoledor no solamente en nuestro país, sino también en el resto del mundo.
La referencia hecha por Trump a México fue particularmente dura. Sin embargo, cabe aclarar que en sentido estricto no fue al país como tal al que el presidente estadounidense se refirió, sino al gobierno mexicano, que es diferente. Aunque es cierto que la propaganda oficialista deliberadamente introduce confusión, al hacer creer que es al país al que se agrede con tal tipo de declaraciones. Pero no es así.