"Un pacto entre los que fueron, los que están y los que vendrán". Bajo esta idea, el patrimonio familiar deja de entenderse únicamente como un conjunto de bienes que cambia de manos y comienza a verse como una responsabilidad que conecta generaciones.
Cada septiembre, el Mes del Testamento vuelve a poner la sucesión en la conversación pública. Las campañas informativas, jornadas y beneficios notariales buscan que más personas den un paso indispensable: establecer jurídicamente qué ocurrirá con sus bienes.
Pero septiembre no debería ser relevante únicamente para quienes aprovecharán estas facilidades para hacer su testamento. También debería serlo para quienes ya tienen uno. Especialmente cuando detrás de ese documento existen empresas, inversiones, inmuebles, estructuras patrimoniales, intereses en diferentes países o varias generaciones involucradas.