“En México ya no hay gordos, solo pobres”, me dijo un amigo en tono de broma ácida. Él, conociendo los efectos de la semaglutida, me contó cómo casi todo su círculo social había reducido tallas rápidamente sin confesar el uso del péptido.
Con un dato adicional: mientras los hombres que antes tenían sobrepeso se veían ahora más saludables, mujeres que ya estaban en una talla saludable habían adelgazado en extremo.
Durante décadas, el mercado ha fomentado nuestra aspiración de adelgazar, pero Ozempic y los medicamentos GLP-1 cambiaron las reglas: la delgadez ya no depende solamente de dieta, ejercicio, disciplina —que también requieren privilegios— o genética.
Ahora también puede comprarse a altos precios: en México, un mes de tratamiento cuesta entre 4 mil 500 y 6 mil 500 pesos. Así, la delgadez pasó de aspiración social a marcador de clase.