La realidad electoral es contundente: el PAN sin el PRI enfrenta vulnerabilidades importantes en diversas regiones del país y el PRI, sin acuerdos que amplíen su competitividad, encara una batalla todavía más complicada para conservar presencia política.
Bajo esa lógica, ambos partidos tendrán que decidir en cuáles de las 17 entidades que renovarán gubernatura en 2027 les conviene competir coaligados y, sobre todo, qué estrategia seguirán en los 300 distritos federales de mayoría relativa, porque ahí se librará una de las batallas fundamentales: la nueva integración de la Cámara de Diputados.
La fórmula es conocida y no tendría por qué ser demasiado complicada: donde el PAN conserve mayor fortaleza territorial, el PRI tendría que evaluar sumarse; donde ocurra lo contrario, los panistas deberán decidir si respaldan al candidato tricolor o presentan uno propio.